" Todo vuelve a empezar y no hay nada nuevo bajo el sol. El hombre no cambia aunque cambien sus hábitos y las palabras de su lengua. No ha ocurrido, pues, nada nuevo ante mis ojos, pero todo lo que ha sucedido acaecerá también en el porvenir: lo mismo que el hombre no ha cambiado hasta ahora, tampoco cambiará. Los que me sigan serán semejantes a los que me han precedido."
Sinuhé el Egipcio.
Sinuhé el Egipcio.
A mi vuelta he tenido la sensación de haber estado durante unas semanas suspendida en el aire, ajena al mundo, ausente de su inflexible, ruidosa e inexorable rueda, necesitado exhilio. Al posarme de nuevo sobre esta vida, que ha seguido transcurriendo sin mi, he percibido efectivamente que nada había cambiado, que todo seguía en su lugar y en cierto modo esto me ha hecho feliz.Casi he sonreido al comprobar que la cotidianeidad de nuevo me envolvía, pues a pesar de esa multitud de pequeños acontacimientos encontrados -tabla rasa como la corteza terrestre sobre la faz del mundo- todo huele, suena y viste igual, o tal vez es que necesite sentirlo así.
Acaso, eso sí, unos cuantos, bastantes, sueños renovados, rescatados; y otros tantos, los precisos, pensamientos atrapados y enviados a algún lugar donde no los encuentre nadie.
Hasta me han salido al encuentro las lluvias, ese ambiente húmedo con olor a tierra mojada, que tanto me enternece; esa tenue luz de las opacas tardes de tormenta, que siempre me ha llenado de quietud; esa serenidad de las haciagas horas escuchando la música de las gotas de agua en el cristal, que tantos recuerdos me despierta. Y he sentido, una vez más, que el otoño se deslizaba subrepticiamete bajo los últimos días del estío para hacer notar su presencia, recordándome que aún sigo aquí, que aún es tiempo de disfrutar esta vida que transcurre...
